"Después de las consideraciones que hemos expuesto y de los ejemplos que hemos dado hasta aquí, se podrá comprender mejor en qué consisten exactamente, de una manera general, las etapas de la acción antitradicional que verdaderamente ha «hecho» el mundo moderno como tal; pero, ante todo, es menester darse cuenta bien de que, puesto que toda acción efectiva supone necesariamente agentes, ésta acción no puede ser, como tampoco ninguna otra, una suerte de producción espontánea y «fortuita», y de que, al ejercerse especialmente en el dominio humano, debe implicar forzosamente la intervención de agentes humanos. El hecho de que esta acción concuerda con los caracteres propios del periodo cíclico donde se ha producido, explica que haya sido posible y que haya triunfado, pero no basta para explicar la manera en que ha sido realizada y no indica los medios que han sido puestos en obra para llegar a ello. Por lo demás, para convencerse de ello, basta reflexionar un poco en esto: las influencias espirituales mismas, en toda organización tradicional, actúan siempre por la intermediación de seres humanos, que son los representantes autorizados de la tradición, aunque ésta sea realmente «suprahumana» en su esencia; con mayor razón debe ser así en un caso donde no entran en juego más que influencias psíquicas, e incluso del orden más inferior, es decir, todo lo contrario de un poder transcendente en relación a nuestro mundo, sin contar con que el carácter de «contrahechura» que se manifiesta por todas partes en este dominio, y sobre el que tendremos que volver todavía, exige aún más rigurosamente que ello sea así. Por otra parte, como la iniciación bajo cualquier forma que se presente, es lo que encarna verdaderamente el «espíritu» de una tradición, y también lo que permite la realización efectiva de los estados «suprahumanos», es evidente que es a ella a lo que debe oponerse más directamente (en la medida, no obstante, en que una tal oposición es concebible) aquello de lo que se trata aquí, y que tiende al contrario, por todos los medios, a arrastrar a los hombres hacia lo «infrahumano»; así el término de «contrainiciación» es el que conviene mejor para designar aquello a lo que se vinculan, en su conjunto y a grados diversos (ya que, como en la iniciación, en eso hay también forzosamente grados), los agentes humanos por los cuales se cumple la acción antitradicional; y eso no es una simple denominación convencional empleada para hablar más cómodamente de lo que no tiene verdaderamente ningún nombre, sino más bien una expresión que corresponde tan exactamente como es posible a realidades muy precisas" (René Guénon, El Reino de la Cantidad y los Signos de los Tiempos, cap. XXVIII).
miércoles, 27 de junio de 2007
miércoles, 20 de junio de 2007
Origen
"Sea como sea, lo que permite que las cosas puedan llegar hasta tal punto, es que la «contrainiciación», es menester decirlo, no puede ser asimilada a una invención puramente humana, que no se distinguiría en nada, por su naturaleza de la «pseudoiniciación» pura y simple; en verdad, es mucho más que eso, y, para serlo efectivamente, es menester necesariamente que, de una cierta manera, y en cuanto a su origen mismo, proceda de la fuente única a la que se vincula toda iniciación, y también, más generalmente, todo lo que manifiesta en nuestro mundo un elemento «no humano»; pero procede de ella por una degeneración que llega hasta su grado más extremo, es decir, hasta esa «inversión» que constituye el «satanismo» propiamente dicho. Una tal degeneración es evidentemente mucho más profunda que la de una tradición simplemente desviada en una cierta medida, o incluso truncada y reducida a su parte inferior; en eso hay incluso algo más que en el caso de esas tradiciones verdaderamente muertas y enteramente abandonadas por el espíritu, cuyos residuos puede utilizar la «contrainiciación» misma para sus fines así como lo hemos explicado. Eso conduce lógicamente a pensar que esta degeneración debe remontarse mucho más lejos en el pasado; y, por obscura que sea esta cuestión de los orígenes, se puede admitir como verosímil que se vincule a la perversión de alguna de las antiguas civilizaciones que han pertenecido a uno u otro de los continentes desaparecidos en los cataclismos que se han producido en el curso del presente Manvantara" (René Guénon, El Reino de la Cantidad y los Signos de los Tiempos, cap. XXXVIII).
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